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De lo visible y lo invisible: Ver el bosque y ver el árbol

De lo visible y lo invisible: Ver el bosque y ver el árbol

 

Sara Rosenberg

Ver el árbol y no ver el bosque es peligroso. Nos roban, no explican cómo roban sino que hablan de primes y subprimes, de crisis y abruptos movimientos de bolsa, de ingeniería financiera, de cesación de pagos, etc. etc. Por fin nos convencen de que no podemos hacer nada frente al robo, nos explican cómo y cuanto se debe, se dan nombres de imputados que continúan teniendo la misma cuota de poder que su clase les ha otorgado, nos proponen que votemos –esa retórica del abuso amplificada por los medios- para que el verdugo siga operando, y desarrollamos poco a poco el síntoma que el estado - gerente de las grandes corporaciones y los bancos- necesita: ver el árbol pero no el bosque.

Se agitan los espantapájaros, el discurso monocorde enferma la razón, y en un bucle perfecto se desvía la atención de los esencial: para que el imperio pueda seguir concentrando la riqueza en pocas manos, es necesario que la mitad o más de la población de este planeta desaparezca. Si, suena a ciencia ficción, pero está sucediendo delante de nuestras narices que no ven el bosque porque están ocupadas escuchando ese discurso monocorde que impide imaginar que fuera de ese círculo infernal hay otras alternativas. Alternativas que se están desarrollando en otros lugares del planeta, otros conceptos, otra forma de plantearse la vida, la política, la distribución de la riqueza y la defensa de los derechos sociales.

No hay modelos únicos ni perfectos, pero si hay experiencias que es posible conocer, estudiar y comprender. Es el bosque que nos impiden ver, y que debemos empezar a descubrir, porque vivimos en un sistema internacional complejo, donde ese famoso “estado del bienestar” que intentaron vendernos hace aguas –siempre hizo aguas- y depende de la explotación imperialista de los otros pueblos del mundo y de la ingeniería de la guerra.

Los medios de comunicación de Europa y Estados Unidos se han encargado de tergiversar estas experiencias, de sabotearlas, de impedir que las conozcamos a fondo. Han intervenido y financiado intentos de golpes de estado –el caso Venezuela- han sostenido el criminal bloqueo económico y los sabotajes terroristas –el caso Cuba- no han escatimado en intentos de subvertir la legalidad democrática- el caso Bolivia y de Ecuador- son sólo ejemplos recientes en América, por no hablar de la sangrienta guerra contra el pueblo libio. Invaden, masacran, destruyen y roban los fondos de un país soberano para dárselos a un grupo de mercenarios previamente armado por el imperio para garantizarse el robo completo. Lo llaman lucha por la democracia. Sinceramente espero que sean derrotados, que Libia sea otro Vietnam. Y que los libios puedan decidir soberanamente su destino y juzgar el crimen que ahora mismo se está cometiendo. Y España está involucrada en está guerra, con bases militares, dinero y tropas, esos si sin ningún recorte. Los recortes de salario, jubilación, salud y educación son para nosotros, que sostenemos esas guerras con nuestros impuestos, como sostenemos un viaje del papa con nuestros impuestos. ¿No hay algo de síndrome de Estocolmo en esto? ¿O acaso creemos que queda algún resquicio posible dentro del sistema –letal-capitalista?

Ver cómo hemos sido y seguimos siendo explotados y privados de los derechos sociales que se conquistaron después de muchas luchas, no es difícil. Lo estamos viviendo en carne propia. Ayer sin más y sin aviso previo, el transporte público en Madrid ha subido de precio. Hace dos días el tribunal constitucional ha votado que los desahucios y la usura bancaria son legales. Hay que llamar rápido a elecciones para poder exprimir un poco más las tuercas. Estados Unidos es un ejemplo claro, mientras la estafa asciende a 16 billones de dólares para sostener al partido financiero-guerrero, Obama llama al pueblo “a presionar a sus diputados”, para que voten la ley de recortes sociales más atroz, o habrá “cesación de pagos”, es decir que después de que han sido robados por los bancos y las corporaciones, las víctimas piden seguir siendo torturadas en función de que el cuco de la cesación de pagos sale de la caja. ¿Es un robo consensuado por el pueblo americano con sus cuarenta y tres millones de pobres o es el resultado de la aplicación constante y metódica de la enfermedad mental conocida como sindrome de Estocolmo? Hay un momento en que la víctima no puede ya verse a sí misma, no ve sus posibilidades y ni siquiera es capaz de imaginar o recordar que tiene derechos, delega entonces en su torturador su propia voluntad y cumple con el mandato del verdugo. Es una técnica antigua. Romper la capacidad de ver y de verse, romper la capacidad de memoria y de conciencia de si mismo y darle la razón a quien abusa, hasta identificarse con ese abuso.

No pretendo ser ni hacer un análisis psicológico, pero este tema me ronda y me permite explicar o al menos comprender cómo han trabajado nuestra conciencia, día tras día. Y cómo desde mayo las movilizaciones populares son un gran síntoma de salud y un gran triunfo contra los señores de la muerte.

Recuerdo ahora largas y tediosas discusiones en las que cada vez que se hablaba de Cuba, (y después de Venezuela y de Bolivia) alguien nombraba la pobreza y una tenía que empezar por el a-b-c , a explicar lo que significa el bloqueo de Estados Unidos, la persecución constante, el sabotaje, la condena a no poder vender ni comerciar libremente con otros países, y hasta explicaba que los errores también existen, tal como se explicó en el último congreso del partido. Sin embargo, los medios no han cesado de mentir y bombardear con falsas noticias sobre todos aquellos gobiernos y pueblos que intentan con más o menos suerte librarse del saqueo y del miedo, pueblos que resisten y construyen nuevas formas sociales más justas y más solidarias.

Hasta se podría pensar con cierto optimismo que el síndrome de Estocolmo que se padece en Europa y en los Estados Unidos, en América Latina ha sido superado. Por eso los medios tienen que evitar que se conozca y se comprenda que hay caminos de lucha y resistencia que son capaces de decir no al imperio. No a sus políticas de saqueo y tortura constantes, que además buscan ser consensuadas a través de la identificación con el verdugo. Y aquí si hay mucho por analizar. Determinar cuáles son nuestros derechos, reconocerlos y ejercitarlos pone en cuestión la identidad misma del sistema. Lo hace terreno, lo hace visible, lo acota temporalmente, permite visualizar sus fallos y sus grietas, permite comprender que el sistema democrático actual ha sido sólo útil para el abuso, porque si bien votamos, desconocemos y no podemos jamás controlar a quienes nos representan. Por eso no nos representan. Nos necesitan para decir que hay un sistema democrático mientras votan leyes contra el pueblo y exportan guerras que no hemos votado. Pero pervive en nosotros una delgada conciencia “Estocolmo”, nos identificamos con las instituciones como si fueran sagradas, pensamos que más allá habita el caos, no preguntamos por las leyes que podrían ampararnos, pagamos religiosamente intereses abusivos cuando la vivienda es un derecho constitucional, aceptamos que decidan por nosotros sobre nuestra salud y nuestra educación, y sobre todo, como las víctimas de los secuestros con sídrome de Estocolmo, no tenemos la distancia ni los medios para separar nuestra visión –nuestros intereses- de la visión del sistema –sus intereses- y no sabemos cómo dotarnos de un instrumento donde la víctima pueda ser oída y visibilizada.

Mayo es un punto de inflexión en este sentido. Nos hemos dejado oír, estamos empezando a separarnos y a visualizar cómo los bancos y las corporaciones han ido construyendo una maraña de leyes en nombre de la democracia para atarnos y explotar mejor. Mayo indica una dirección clara, porque hemos empezado a reconocer que el estado puede ser investigado, puede ser reformulado, puede ser controlado por la ciudadanía. Podemos dotarnos de otras leyes, podemos hacer cumplir otra justicia. En este momento se discute cómo hacer que nuestra voz adquiera un valor de representación aún dentro de este sistema. Cómo detener el abuso de los bancos. Y allí aparecen algunas experiencias constituyentes y algunas variables que es necesario tener en cuenta. Porque si no lo hacemos y no nos organizamos para hacernos oír y para que nuestro peso de masas se transforme en peso político concreto, tenemos asegurada la sordera y la represión como única salida de defensa de la injusticia.

Hemos roto con el viejo síndrome de Estocolmo, ya no somos víctimas secuestradas por el poder e identificadas con él. Ahora es preciso que el poder del estado sea puesto en cuestión. Y no valen los árboles que tapan el bosque : partidos, instituciones sacrosantas, vastas oscuridades burocráticas que nos hacen pensar que no es posible hacer oír nuestras exigencias . Y menos aún hacerlas cumplir. Todo depende de nosotros y nosotras, de la cantidad, pero también de la calidad de nuestras propuestas, del filo y el sentido aún dentro del estado burgués. De la navegación en sus propias contradicciones. Porque no estamos en el momento de la toma de ningún palacio de invierno, sino al comienzo de un largo procesos organizativo y formativo. “Vamos lento, porque vamos lejos”.

Me sorprendió mucho en Bolivia encontrarme –además de la inmensa red de movimientos sociales que confluyen en el gobierno- con una propuesta que merece la pena conocer: el gobierno de Evo Morales propone que así como el poder ejecutivo y legislativo son elegidos por sufragio universal, también el poder judicial debe ser elegido por voto directo y universal.

¿Qué pasaría en España si se propusiera una idea como esta? O seguiremos esperando que el tribunal constitucional y el poder judicial sigan estando en manos vitalicias que siempre han representado los intereses de clase de la oligarquía, y que no han hecho más que destruir la democracia que tanto postulan.

¿Es posible que un consejo de ciudadanos, una mayoría llamada como queramos llamarla, haga cumplir un programa? ¿Y es posible que todo representante- rotativo y sin goce de sueldo- deba rendir cuentas de su trabajo frente a la asamblea?

En este sentido se ha empezado a trabajar en las asambleas de barrio. Se analiza cómo hacer viable una reforma constitucional que implique también una reforma de la ley de partidos, entre muchas otras leyes nunca votadas por la sociedad civil. Porque no podemos olvidar que la constitución de 1978 “también es producto de un Parlamento surgido de unas elecciones poco democráticas –las del 15 de junio de 1977- con formaciones políticas todavía ilegalizadas , que ha trabajado con secretismo desde sus orígenes, fomentando la desinformación y la despolitización en la calle…El 6 de diciembre de 1978 vota en referéndum sobre la Constitución un 66.96 por 100 de los ciudadanos censados. La mayoría “si”. Y el texto se aprueba. Un dato significativo y que no se suele recordar es que sólo el 30 por 100 de los vascos vota a favor. El otro 70 por 100 del censo se reparte en Euskadi entre el “no” y la abstención, que es superior al 55 por 100. Con esta Constitución se apuntala una monarquía surgida de la voluntad del dictador y se atribuye al ejército el papel de garante del orden constitucional. Además se propicia la continuidad de los privilegios de la Iglesia Católica…” (“La iglesia en España”. Alfredo Grimaldos)

En este momento en las asambleas se ha consensuado un documento que básicamente expresa que no nos oponemos a la visita del papa sino a la financiación de esa visita con dinero público. Y aquí estamos otra vez viendo el árbol y olvidando el bosque, porque el poder de la iglesia en el estado es inmenso y es histórico y político. Porque el estado es confesional, hay acuerdos con la Santa sede, se enseña y se fomenta la educación religiosa, la iglesia vende propiedades e ingresa en la burbuja inmobiliaria a través de grandes operaciones financieras, en muchos países ya está acusada –como institución- de ocultar y sostener la pedofilia, se ha opuesto a todos los avances sociales, divorcio, aborto, leyes de igualdad sexual, etc. etc. La iglesia –la institución- es un poder político y confundir esto con el derecho de creer o no creer en dios, es un error. Sería muy largo enumerar los desmanes eclesiásticos y hasta terminaríamos hablando del juicio a Galileo y a Copérnico, entre infinitas quemas y olor a chamusquina cada vez que la razón o la ciencia intentaron abrirse paso. Por no nombrar a los cincuenta y cinco millones de indígenas americanos masacrados en nombre de la cruz y la espada.

Y si algo es posible hacer hoy, cuando las calles han sido tomadas y seguirán siendo tomadas para reclamar justicia y libertad, es ser capaces de articular y unir el árbol con el bosque, es decir relacionar los temas que tratamos con la historia, la economía y la política de manera cada vez más profunda, creando el necesario bosque que articula las reivindicaciones inmediatas (no a la visita del papa, no a la privatización del agua, derecho a la educación, la salud, el espacio, la vivienda, etc. etc. ) con la transformación del sistema capitalista en otro sistema. Ese es el reto, relacionar una cosa con otra, entender que nuestro derechos no se pueden rebajar ni negociar porque volveremos a caer en el engaño que tan bien supieron forjar para aquietarnos mientras nos robaban todo, mientras mirábamos encandilados el famélico arbolillo del “estado del bienestar”.

Después de haber superado el síndrome de Estocolmo, es posible ver con claridad la verdadera dimensión y las grietas del sistema imperial, que ha empezado a caerse a pedazos. Ellos sólo tienen el arma de la represión, nosotros tenemos todo por hacer y nada por perder en la medida en que seamos capaces de no dejarnos confundir por el árbol y hacer crecer nuestro propio bosque.

Por el inmediato cese del fuego y la criminal guerra contra el pueblo libio. No a la Otan.

Por la soberanía inalienable de todos los pueblos del mundo.

Fuente: El Insurgente

http://www.insurgente.org/index.php?option=com_content&view=article&id=8203:de-lo-visible-y-lo-invisible-ver-el-bosque-y-ver-el-arbol&catid=139:estado-espanol&Itemid=557


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